Muchas caídas no empiezan en la rueda delantera ni en el gas. Empiezan en la cabeza. El ego, la presión por ir rápido y la comparación constante con otros pilotos empujan a decisiones que el cuerpo y la técnica no pueden sostener.
Cómo se manifiesta el ego en pista
- Forzar el ritmo para no “quedar mal”.
- Entrar en guerras absurdas en rodadas.
- Rodar por encima del nivel real del día.
La trampa de compararte
Compararte con pilotos de distinto nivel, moto, neumáticos o experiencia distorsiona tu percepción. Ves el resultado, no el contexto. Intentar copiar sin entender es una receta para el error.
Señales claras de que el ego está pilotando
- Aumentas ritmo sin motivo técnico.
- Ignoras avisos del cuerpo o la moto.
- Te obsesionas con una vuelta rápida.
Errores habituales
- Confundir valentía con imprudencia.
- No aceptar días malos.
- Rodar para otros, no para ti.
Riesgos físicos y económicos
El ego empuja a caídas innecesarias. Económicamente: moto dañada, equipación rota, gastos médicos y semanas parado por no haber levantado la mano a tiempo.
Protección y gestión del riesgo
El piloto que dura es el que sabe cuándo apretar y cuándo no. El ego no paga facturas ni lesiones.