Un pueblo sin señales de tráfico

Un pueblo sin señales de tráfico

Pueblo sin señalesTexto original: MOTORFLASH.com

En un pequeño pueblo holandés se ha llegado a un acuerdo y peatones y conductores autorregulan el tráfico, por lo que se ha convertido en el primer municipio en declararse “libre de señales de tráfico”

Cuando se llega en coche al pueblecito de Makkinga, en la provincia holandesa de Frisia, la única señal de tráfico visible es una que limita la velocidad a 30 kilómetros por hora en el interior del municipio.. Ni semáforos, ni indicaciones de prioridad, de aparcamientos, de dirección prohibida, ni pasos de peatones, ni hombrillos, nada de nada. Makkinga es la primera localidad en declararse “libre de señales de tráfico“. A este modelo se le conoce como “espacio compartido” y ya lo intentan imitar un buen número de ciudades europeas.

La idea surgió cuando debido a una reestructuración de calles y aceras, los conductores estuvieron durante una semana circulando sin ningún tipo de señal de tráfico. Durante ese tiempo no se había producido ningún tipo de incidente relacionado con la circulación, lo que dió lugar a que las autoridades se apoyaran en la opinión de expertos en gestión del tráfico y decidieran no volver a poner las señales.

En los cruce, quien vaya en coche puede circular por cualquier dirección, pero también debe prever que pueden venir otros coches, bicicletas o peatón desde cualquier otra calle, de manera que se tiende a cambiar la percepción habitual de la reclamación de lo que uno considera su derecho de paso por convertirse en un actor amenazado por otro usuario que eventualmente coincida en el mismo punto.

El éxito de la experiencia ha sido tal, que ha traspasado fronteras. Varias ciudades de Alemania, Suecia, o Reino Unido han comenzado a implantar este sistema en una parte de su superficie, porque hay determinadas avenidas donde tal opción no es posible sin causar gravísimos problemas.

Esta idea no se puede aplicar en todas partes, donde lo hacen se han encontrado problemas para, por ejemplo, los ciegos, que se han quedado sin las referencias familiares que les sirven para orientarse, como los bordillos de las aceras. Pero los poco más de mil habitantes de Makkinga no solo se aprovechan del ahorro que le supone al ayuntamiento local no tener que preocuparse de los semáforos ni del mantenimiento de las señales, sino que están pensando en convertir esta política en un atractivo turístico para una localidad que, de otro modo, se habría perdido en la llanura del noroeste holandés, sin pena ni gloria. Su cartel de «ciudad libre de señales de tráfico» es por ahora su mejor postal.

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