Entrevista con el gran Mattias Nilsson

Entrevista con el gran Mattias Nilsson

El Motocross es un deporte explosivo, donde 40 pilotos salen en fila para disputar 30 minutos llenos de agresividad y espectacularidad. En un ambiente de casi súper-hombres, y es muy difícil encontrar gente “normal”, a nivel del humano común. Son pilotos acostumbrados a las condiciones más extremas, y llevan la competitividad marcada en el ADN.

Mattias Nilsson llegó a España con “hambre” de ganar todas las carreras a principios de los noventa y de ahí pasó a disputar el Campeonato de Europa de 1995, correr el Mundial, ganar Nacionales… se convirtió en un todo un mito.

Ahora, retirado del mundo de la competición, desde Nilsson Motor mantiene el contacto con el mundo de la moto: colaborador en revistas, trainer personal de grandes pilotos, organizador de cursillo para pilotos amateur, incluso le vemos metido en importantes viajes en moto… siempre manteniéndose cerca del mundo de las ruedas de tacos.

No podíamos desaprovechar la oportunidad de reunirnos con él para hacerle unas preguntas… ¡como fans!

¿Cómo recuerdas tu infancia? Háblanos de cómo surgió tu relación con las motos, tu primera carrera…

Mi infancia fue muy buena y muy divertida. Empecé a pedir una moto a los 6 años, pero no me llegó hasta los 10. Al principio era un juguete, no sabía que había carreras infantiles. Era un mundo nuevo, empecé a montar en una explanada, como casi toda la gente, dando un poco saltitos y tal.

Luego ya fui a un circuito, yo nunca había visto una carrera. Me metieron en la parrilla de salida, y al salir, me caí de espaldas. Es el primer recuerdo que tengo de la primera salida. Me levanté y me volví a caer 6 veces más en la primera vuelta. Era una carrera al lado de la playa. En la segunda manga me orientaron un poco y salí segundo, pero en la segunda curva me volví a caer.

¿Qué papel jugó tu padre en que te vieras involucrado con la moto?

Para que yo consiguiera hacer motocross mi padre trabajó como cualquier otro, como jefe de obra. Mi madre era funcionaria, trabajaba en el ayuntamiento. Para hacer motocross a un nivel más alto, mi padre tenía que trabajar fuera, porque así cobraba las dietas y más dinero para que mantuviéramos el nivel de la moto. Mis padres siempre me apoyaron, nunca me pusieron trabas. Su papel fue muy importante, no sólo mi padre, sino también mi madre, que me acompañaba a las carreras cuando mi padre estaba trabajando fuera.

¿En qué momento te das cuenta que tienes ese talento necesario para dedicarte profesionalmente a las carreras? De chaval, ¿ya ganabas todo?

En mi segunda temporada, cuando tenía 11 años, monté mucho más que cualquier otro niño, porque en el motoclub en el que estábamos federados, porque mi padre fue el jefe de obra de las nuevas instalaciones que construyeron, y allí trabajaba todos los fines de semana, y yo aprovechaba para montar. Me sirvió mucho. A partir de ahí, si hacía 30 carreras, ganaba 27.

La tercera temporada fue igual, así que con 12 o 13 años, cuando hablaba con mis padres sobre qué quería ser de mayor, salía el motor. Mi padre me decía que era un algo muy lejano, pero yo decía que lo tenía muy claro: quería ser campeón del mundo de motocross.

En aquella época era muy mal estudiante, así que mis padres me dijeron que, si mejoraba mis estudios, me ayudarían un poco más con la moto. Era tan malo con inglés y sueco que tuve que ir a clases especiales. No me gustaba el sistema de clases, y yo dije que traduciría algo que me gustara, no lo que me mandaran, así que traducía revistas de motocross en clase, y con eso me empapé de conocimientos.

Llegan los años 90 y empiezas a arrasar en el norte de Europa. ¿Por qué te vienes a España? ¿Te costó adaptarte al carácter español?

Ya era campeón de Suecia y de Escandinavia, pero tenía muchos problemas en el equipo en el que estaba pilotando desde hacía 10 años, con temas internos y personales. Yo llegué a la decisión de que iba a dejar la moto, porque con tantas tonterías políticas que había por entonces en las carreras, pues no me gustaba.

Pero corrí en Madrid, en el estadio Vallehermoso, Campeonato del Mundo (llovió muchísimo), y conseguí buen resultado. Me di a mí mismo la oportunidad de una temporada más, aquí en España, para sentir cómo es ser profesional en otro país.

Me costó trabajo adaptarme al idioma español, en aquella época (año 92) nadie hablaba inglés, pero al carácter no me costó tanto. Yo no tengo ese carácter sueco seco, “borde”, soy un poco más liberal, más abierto, así que me adapté fácilmente a la forma de vida de aquí. Es uno de los motivos por los que me quedé, y el otro, por supuesto, por Ana.

 Además de Motocross, el Supercross se te daba especialmente bien. Si tuvieras que elegir una de las dos especialidades… ¿Cuál elegirías?

Cuando era joven, me chiflaba saltar, a todo el mundo le sorprendían las cosas que hacía durante los saltos, cómo plegaba la moto. Incluso les molestaba a muchos, cuando plegaba la moto aquí en las carreras de Paracuellos.

Con la edad, me fue gustando más el Motocross, que te obliga a pensar más.

En el Campeonato de Europa, te debiste sentir el rey del mundo… ¿Te seguía mucha gente en esa época, a mediados de los 90?

Por supuesto, me encontraba muy bien, muy cómodo, pero aquí no tenía la red de contactos que tenía en Suecia, así que, pese a ser Campeón de Europa, era muy difícil dar el paso al Mundial, no tenía la pasta necesaria, me resultaba complicado conseguir un sponsor.

¿Es tan complicado dar el salto al mundial para un piloto nacional?
Como te digo, el mayor problema siempre es el económico. Si no tienes dinero, mucho más difícil, si tienes pasta, todo más sencillo.

En el 2004 corriste tus últimas carreras como profesional. ¿Se pasa mal cuando decides alejarte de los circuitos? ¿Existe realmente la famosa “depresión del piloto”?

Aposté todo en esa temporada del Campeonato de España, pero según avanzaba, peor iba, terminé por tomar la decisión de que al final de la temporada lo iba a dejar. Fue una temporada de muchos bajones. Por supuesto que existe esa depresión. No tenía ganas de levantarme, de hacer nada. Fui a psicólogo durante tiempo y conseguí salir del bache, volviendo a coordinar pilotos con normalidad, pero tuve una recaída que me duró un par de años. Pero actualmente, estoy perfecto, con ayuda de la acupuntura.

Pero no te quedaste quieto: lanzaste tu propia tienda, y concesionario Suzuki, y empezaste a formar a futuras promesas del motocross. ¿Qué te gusta de estas dos actividades?

Sí, ya llevaba algunos pilotos. Había ganado tanto que no necesitaba trabajar, pero para mí el trabajo no se basa sólo en ganar dinero, sino en tener ilusión al levantarte por la mañana y sentirte útil cuando te vas a dormir. Si no tengo eso, la vida es muy aburrida y triste. Así que monté una tienda de motos y entrené pilotos, lo que sabía hacer.

Has llevado a gente muy, muy buena: Cervantes, Lozano, Paricio, Guerrero, Barreda, todos pilotos punteros. ¿Cómo transmites conocimiento a gente con tanto talento?

Lo difícil es hacerle transmitir a los buenos que hay que machacarse y entrenar todos los días. No vale entrenar mucho hoy y mañana nada. Es poquito a poquito hasta subir de nivel, y una vez que está alto, hay que entrenar al detalle para cada piloto. Cada uno es un caso. Algunos recuerdan lo duro que era como entrenador, pero si no somos duros, los pilotos no consiguen nada como deportistas. Aquí nadie regala nada, hay que ganárselo. ¿Cómo?, pues si el otro entrena diez horas, yo tengo que entrenar once o doce.

También preparas chavales muy jóvenes, con la Federación. ¿Qué tiene de diferente un clinic impartido a chavales de 8 años de uno a chavales de 17?

Un chavalote de 17 o 18 ya empieza a ver qué quiere ser en la vida, y ya hay que empezar a exigir, además se piensan que saben de todo, así que hay que ser duro, pero también psicólogo para que no se enfaden y se creen malos rollos.

Con los pequeños es otra cosa, el feedback y los sentimientos que recibo de ellos es brutal. No hay nada que supere eso. Hace poco llamé a un colega, cuyo hijo había ido a mi campamento de verano, y su hijo se puso a llorar a mares porque me echaba de menos. A mí se me caen las lágrimas con esas cosas.

El Motocross es aún el gran desconocido (en España), pese a que ha habido épocas pasadas donde ha gozado de más fama. ¿Qué hay que hacer para atraer al gran público a este espectacular deporte?

Hasta que el hijo del jefe de alguna gran empresa se dedique al motocross, no va a subir esto a un nivel muy alto. Hace falta algún sponsor grande. ¿Por qué va tan bien Velocidad aquí? Porque hay mucho famoseo. El Motocross no es tan “glamouroso”.

Venga, unas preguntas rápidas, haznos un comentario rápido:
           

  • ¿Mundial de MX o Campeonato americano? Americano
  • ¿ Dos tiempos o cuatro tiempos? Cuatro tiempos
  • ¿ Motocross por la tele o MotoGp? MotoGp Con el Motocross hay que ir al circuito y sentirlo.
  • ¿Entrenamiento en gimnasio o entrenamiento con la moto? Con la moto.
  • Quiero que mi hijo corra ¿Le meto en minimotos o en campo? ¿Quiero que sea un alfeñique* o un machote? 😉
  • ¿El Motocross es la mejor escuela para aprender a montar en moto? Por supuesto

Por último, una despedida cariñosa a los moteros que puedan estar leyendo esto…

Pues lo primero: un placer, con la edad que tengo, de contestar a una entrevista con tantas preguntas. Y, cuando corráis, por favor id a un circuito de motocross y veréis la emoción que hay ahí. Y, si tenéis un poco más de tiempo, acercaos a un curso de Mattias y veréis cómo se llega a aprender con las motos.

*Mattias no utilizó esa palabra, exactamente 😉

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